Wednesday, February 22, 2017

La obediencia — es la llave del paraíso. ( San Paisios el Athonita )

La obediencia — es la llave del paraíso. Pero solo la obediencia, y no una sumisión soldadesca de oración forzada. Nadie puede sanarse a si mismo y nadie se salvará sin la obediencia. 
 
La obediencia y la simplicidad natural llevan a la santidad por un camino corto. Con un simplón, que cuidaba a un enfermo, pasó lo siguiente. Una vez el enfermo le pidió que le diera pescado para comer. El simplón bajó a la orilla del mar y entró en un templo. 
 
Allí levantó los brazos y oró con simplicidad: "Cristo, dame Te pido, un pescado para ese hombre." Y, ¡oh milagro! En el acto, en sus manos apareció un pez, que él, agradeciendo a Dios, llevó al enfermo.


San Paisios el Athonita

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Sunday, February 19, 2017

El Ciego y Aquel que veía y Estaba Cerca de El. (San Tikón de Zadonsk)

Una vez un ciego estaba al lado de uno que veía. Sin embargo, el ciego no sabía nada y no notaba ninguna presencia cerca de él. De la misma forma, Dios, que es omnipresente, está cerca de cada hombre. Sin embargo, si el hombre no está iluminado por la fe, no siente a su Señor y Juez a su lado, pues no Lo ve. 
 
Por otro lado, pudiera ser que el ciego, creyéndose sólo, actuara de forma indecente y vergonzosa, pensando que no era visto, ya que él mismo no ve a nadie. El pecador, así como el ciego, prefiere actuar sin ser visto ya que no distingue a nadie a su alrededor, y se entrega a actos inicuos. Sin embargo, el desgraciado se engaña mucho: Dios está presente, le ve, ve sus actos y pensamientos. Él anota cada uno de sus actos y el menor de sus pensamientos en Su libro, que abrirá en el juicio final. Dios, en efecto, ha dicho al pecador: “Yo te Pediré Cuentas y te lo Echaré en Cara” (Salmos 49:21); pensabas que nadie te veía mientras cometías iniquidad, pero Yo te veía transgredir Mi ley, y haré alarde ante ti de todas tus transgresiones. Actuabas en secreto, pero mostraré todo esto ante todo el mundo, ante los ángeles y los hombres. Entonces sabrás, tan pecador como eres, que Yo veía todos tus actos, e incluso los proyectos de tu corazón. Te ocultas de los hombres, pero no encontrarás ningún lugar donde ocultarte de Mí. 
 
¿Quiénes son, pues, estos pecadores ciegos?. Son los perversos, los adúlteros, los profanadores, los impuros, los ladrones, los secuestradores, los aduladores, los astutos, los malvados, los falsos y los hipócritas. Todos estos están ciegos, no por sus ojos carnales, sino por sus ojos espirituales. Se esfuerzan por ocultarse de la gente, pero no pueden apartarse de la vista de Dios que lo ve todo. Disimulan ante los hombres sus iniquidades, pero Dios los ve mejor que todos los hombres del mundo. 
 
“Entendedlo, oh necios entre todos; insensatos, sabedlo al fin: Aquel que plantó el oído, ¿no oirá Él mismo?. Y el que formó el ojo, ¿no verá?” (Salmos 93:8-9). “El Señor mira desde lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de los hombres. Desde el lugar de su morada fija sus ojos, sobre todos los que habitan la tierra. Él, que formó el corazón de cada uno, presta atención a todas sus acciones” (Salmos 32:13-15). “El Grande en consejo, y el Poderoso en obras, cuyos ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de Adán, para retribuir a cada uno según su conducta y según merecen sus obras” (Jeremías 32:19). “¿A dónde iré que me sustraiga a tu espíritu, a dónde huiré de tu rostro?. Si subiere al cielo, allí estás Tú; si bajare al abismo, Tú estás presente. Si tomare las alas de la aurora, y me posare en el extremo del mar, también allí me conducirá tu mano, y me tendrá asido tu diestra. Si dijera: ‘Al menos las tinieblas me esconderán’, y a modo de luz me envolviese la noche, las mismas tinieblas no serían oscuras para Ti, y la noche resplandecería como el día, la oscuridad como la luz” (Salmos 138:7-12). 
 
Incluso si ningún hombre se pone a tu lado, Dios el Juez te asiste; incluso si ningún hombre te ve, Dios, a quien debes temer y ante quien debes tener más vergüenza que ante el mundo entero, más que ante los hombres y los ángeles, te ve, pues ante Él, toda la creación es como nada. ¡Ten, pues, temor, y arrepiéntete, guárdate en el futuro de cometer iniquidades bajo la mirada de Dios, a fin de no sentir sobre ti Su mano vengadora!. 
 
Cuando un ciego ha notado la presencia de alguien a su lado, procura comportarse bien. El cristiano, iluminado por el ojo interior de la fe, ve ante él al Invisible como si fuera visible, aunque sus ojos carnales no distingan nada (pues en efecto, es imposible ver a Dios). “Tengo siempre al Señor ante mis ojos” (Salmos 15:8), nos dice el salmista mediante la inspiración del Espíritu Santo. Y San Pablo habla del profeta Moisés diciendo que veía “como si viera ya al Invisible” (Hebreos 11:27).
 
 Así pues, el alma tiene la posibilidad de percibir, con sus ojos espirituales, al Dios invisible como si fuera visible. Iluminada así por la fe, el alma se expone en todo ante Dios con veneración y temor, y se guarda de complacerle, actuando como un alumno ante su maestro, como un esclavo ante su señor, como un hijo ante su padre, como un vasallo ante su rey. Dios, que ama a los hombres, obra como Defensor, Amigo y Protector, en las desgracias, las calamidades y las tentaciones. “No temas; porque Yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Si pasas por las aguas, Yo estoy contigo, si por los ríos, no te anegarás; si andas por el fuego, no te quemarás, ni te abrasarán las llamas. Porque Yo soy el Señor, Tu Dios, el Santo de Israel, el que te salva” (Isaías 43:1-3). 
 
Un alma fiel podrá proclamar entonces: “El Señor es mi pastor, nada me faltará. El me hace recostar en verdes prados, me conduce a manantiales que restauran, confortando mi alma, guiándome por senderos rectos, para gloria de su nombre. Aunque atraviese un valle de tinieblas, no temeré ningún mal, porque Tú vas conmigo” (Salmos 22:1-4). 
 
 “El Señor es mi luz y mi socorro, ¿a quién temeré?. La defensa de mi vida es el Señor, ¿ante quien podré temblar?. Cada vez que me asaltan los malignos para devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, quienes vacilan y caen. Si un ejército acampase contra mí, mi corazón no temería; y aunque estalle contra mí la guerra, tendré confianza” (Salmos 26:1-3). Por esta razón, alma fiel, “¿Permitirá Él que resbale tu pie?. ¿O se dormirá el que te guarda?. No por cierto: no dormirá, ni siquiera dormitará, el Custodio de Israel. Es el Señor quien te custodia; el Señor es tu umbráculo y se mantiene a tu derecha. De día no te dañará el sol, ni de noche la luna. Presérvete el Señor de todo mal; Él guarda tu alma. El Señor custodiará tu salida y tu llegada, ahora y para siempre” (Salmos 120: 3-8). 
 
San Tikón de Zadonsk

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Tuesday, February 14, 2017

Oración San Fanurio el Gran Taumaturgo.


Oh dichoso mártir de Cristo, no quiso dejar Dios oculta tu memoria ni que fuera borrada por el paso de los siglos. Manifestando tu icono en la isla de Rodas, desde allí se extendió la fama de tus milagros por toda la Iglesia Ortodoxa acudiendo los fieles desde todas las partes del orbe a suplicar ante tu milagrosa imagen la salud del alma y el cuerpo, y el remedio de todas las necesidades. Te tenemos como poderoso intercesor nuestro ante Dios y contemplando tus gloriosos martirios: las pedradas, los golpes con las varas, los garfios de hierro que desgarraron tu cuerpo, las quemaduras que te produjeron las antorchas, la prensa que trituró tus huesos, el foso de las fieras salvajes, la losa de mármol con que aplastaron tu cuerpo, las brasas encendidas que pusieron en tus manos, y el horno al que fuiste arrojado, te pedimos que ya que por ellos recibiste la corona inmarcesible y estás en los cielos, junto a los coros de los ángeles y al invicto ejército de los mártires, le supliques a Dios por nosotros. Pídele que nos veamos siempre libres de toda enfermedad y dolencia del alma y del cuerpo; que por tus oraciones podamos vencer a los innumerables enemigos visibles e invisibles que nos acechan; que sean libradas las cosechas de toda plaga y sean derramadas por los cielos las lluvias en los momentos oportunos; cuida de los ganados y libra a los campos del pedrisco y el fuego. Concede fertilidad a las esposas y cuida a los lactantes; guarda a los niños y a los jóvenes. Haz que los esposos sean fieles y consuela a los ancianos. Guarda a la Iglesia en al Santa Fe Ortodoxa, librándonos de todas las herejías y cismas. Protege a los servidores del altar, especialmente a los sacerdotes, líbralos de todo mal y pide para ellos a Dios que los haga dignos pastores del rebaño que les ha sido encomendado. Y a nosotros pecadores que nos postramos ente tu venerada imagen concédenos poder unirnos a la alabanza celestial de los justos ante la Santísima Trinidad, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén. 
 
Oración Por la Madre de San Fanurio.
Oh glorioso San Fanurio, que según revelaste a un piadoso sacerdote, a pesar de la pureza de tu vida y tu gran devoción y amor a Jesucristo, no pudiste convertir a tu amada madre, que según tu dijiste era una gran pecadora, consolados por la promesa de atender las oraciones de aquellos que rueguen a Dios por ella le pedimos que perdone sus pecados voluntarios e involuntarios y se apiade de su alma, pues sólo Él es misericordioso. Amén.

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Wednesday, February 8, 2017

La luz de la fe ( San Basilio el Grande )

 Exhortamos a ustedes para que sobre todo recuerden sobre la fe de los Padres y no se dejen engañar por aquellos que se esfuerzan por llevarlos a la soledad. Además, pues, saben que, el que en sí mismo no tiene vida de la luz de fe en Dios, no da utilidad ni verdadera confesión de la fe; sin vida ejemplar no puede recomendarnos al Señor.



Para ustedes, es necesario pues, unir las dos cosas para que el hombre, entregado a Dios, sea perfecto y la vida no tambalee por la falta de una de las dos. Porque la fe que nos salva - como dice el Apóstol - es aquella que obra mediante el amor. Nosotros creemos en un sólo Espíritu Santo. Consolador, del cual nosotros hemos recibido su sello en el día del Bautismo (Ef. 4:30); en el Espíritu de verdad, en el Espíritu de hijos, con el cual llamamos: "¡Abba Padre!" en el Espíritu Santo, que reparte a cada uno para utilidad, como quiere, y obra los dones de Dios en el espíritu; en el Espíritu Santo, que enseña y recuerda todo lo que oyó del Hijo; en el Espíritu Bueno que orienta a todos a la verdad, que confirma a todos los fieles en el seguro conocimiento; en la verdadera confesión, en el servicio divino, y en espíritu adoramos a Dios. El Espíritu Santo que enseña a inclinarse ante el verdadero Dios, Padre y a su único Hijo-Señor y Dios, nuestro Jesucristo y a sí mismo.


San Basilio el Grande 

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Saturday, February 4, 2017

Sobre la fe. ( Archimandrita Cleopa Ilie )

Es importante saber que no toda creencia en Dios es buena. Por ejemplo, veamos qué dice el apóstol Pablo: “Repréndelos con firmeza para mantenerlos en una fe sana”
(Tito 1, 13). Puede que alguien crea en Dios y esa convicción no le sea útil, si no cree en la forma que lo hace la Iglesia, es decir, la fe ortodoxa verdadera. Porque también los demonios creen en Dios. Por esto, dice el apóstol Santiago “¿Tú crees que hay un solo Dios? Pues muy bien, pero eso lo creen también los demonios y tiemblan” (Santiago 2, 19). Pero, ¿Para qué les sirve a ellos esa creencia, si no hacen la voluntad de Dios? El primer tipo de fe es la fe correcta, es decir, ortodoxa, única que obra y salva.
Luego, está la fe cismática. Este tipo de fe es la de los católicos. “Iglesia Católica” significa “Iglesia universal”, pero dejó de ser correcta, es decir, “ortodoxa”, porque han ido cambiando algunos de los dogmas establecidos por los Santos Apóstoles y los Santos Padres en los siete Sínodos ecuménicos. Por este motivo, se separaron de la fe y del credo ortodoxo y creen en el Papa.
Luego está la fe herética. También los sectarios creen, pero su fe es herética. Si alguien “retuerce” la fe ortodoxa, ésta deja de ser correcta y no es agradable a Dios. Porque el apóstol Pablo dice: “Que la paz y la misericordia acompañen a los que viven según esta regla”
(Gálatas 6, 16), es decir, la fe correcta, “y sobre todos aquellos elegidos por Dios”- Y, nuevamente dice “Pelea el buen combate de la fe…”
 (I Timoteo 6, 16); “Soporta las dificultades como un buen soldado de Jesucristo (…) porque quien no lucha según lo establecido, no será premiado” (II Timoteo 2, 3-5). Así, es una lucha y una fe que trabaja, cuando se hace según lo que ordena Dios. Esta es la fe correcta. Y cuando la fe no es correcta, es una convicción herética, cismática o retorcida, es decir, en perjuicio de la verdadera fe ortodoxa.
Los protestantes dicen “sola fide”, es decir salvación únicamente a través de la fe: el hombre se salva sólo con la fe, sin obras, dicen ellos. Pero, ¿No dice el apóstol Santiago que la fe sin obras está muerta, así como las obras sin fe? Entonces, la fe que no está unida a hechos buenos no salva; porque también los demonios creen, pero no hacen la voluntad de Dios.
Nuevamente, el apóstol Pablo dice que ésa fe es la que salva, la que trabaja a través del amor. Fe a través del conocimiento tienen también los demonios, pero fe que trabaja tienen únicamente los cristianos. Insisto, la fe que trabaja a través del amor, es la única que puede salvar al hombre.
Así que no se confundan con las ideas de los sectarios, que vienen del seno del Protestantismo, que dice que únicamente la fe
(“sola fide”)
es suficiente para la salvación. O “sola gratia”, es decir, la salvación por la “gracia”. Eso no es cierto. Es cierto que el apóstol dijo “en gracia sois salvados” (Efesios 2, 8). Sí, pero el mismo apóstol que dijo eso, también afirmó que “Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir cada uno lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas”
(II Corintios 5, 10; ver también Apocalipsis 20, 12).
¿Han Observado que se Piden obras?
También el Salvador dice en el Evangelio que “Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta”
 (Mateo 16: 27, 19, 28); asimismo, dice el Salmo 61: “Que eres Tú quien retribuye a cada cual según sus obras”. Cada obra buena o mala será tomada en cuenta por Dios en el juicio particular. En muchas partes de la Escritura se encuentra exactamente lo mismo. Es decir, únicamente la fe correcta salva, si está unida a los hechos Veamos qué dice el apóstol Santiago: “Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, y ustedes le dicen, ‘Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense’, sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué les sirve eso?”
(Santiago 2, 15-16). Incluso Dios podría ayudarles sin necesidad de enviarles a ti. Pero te los envía parar conocer cuánto amor tienes, para ver tu fe, para ver si tú los quieres ayudar, alimentarlos o recibir algún extraño en tu casa y hospedarlo. Luego, la fe que no te hace sentir el dolor de tu prójimo, es una fe yerma, inútil y no te lleva a la salvación porque la fe sin obras está muerta. La fe mosaica es la del pueblo hebreo recibida a través de Moisés. Ellos no creen en Jesucristo, Salvador y Redentor, rechazando la Nueva Ley traída por Él y por eso rechazan también a los cristianos.
La fe pagana es la de aquellos que no creen en el verdadero Dios, sino que adoran a deidades extrañas. ¿Qué dice el salmista David? “Porque todos los dioses del mundo son ídolos”
(Salmo 95, 5). Y, otra vez, “los ídolos paganos son plata y oro, objetos hechos por las manos del hombre; no tienen boca ni hablarán…” (Salmo 134, 15-17)
y otros. La fe cristiana puede también ser supersticiosa y otras veces fanática. Las personas que creen en brujos, en encantos, en sueños y otras cosas así, son supersticiosos y tienen una fe enferma o dañada.
La fe fanática es la que odia a los demás en el nombre de Dios. Tiene un gran ímpetu en todo: en el ayuno, en los trabajos, en la caridad, en el abandono de sí mismo, en inclinaciones, pero no tiene una justa medida en lo que hace. El fanatismo se parece a un hombre que llena un camión de muchos bienes y al final del camino se aproxima a un punto en el que no podrá frenar. Cuando llega, vuelca. Así es la fe fanática. Es una fe sin equilibrio, sin justa medida.
¡No es así! Toda obra buena debe conducir a la fe correcta en Jesucristo, en su justa medida. La Divina Escritura dice “No tomes el camino derecho, ni el izquierdo. El del medio es el camino al Reino”.
Por el Archimandrita Cleopa Ilie.

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Thursday, January 26, 2017

Providencia Divina ( San Paisios el Athonita )


Providencia es la preocupación de Dios por su creación. Todo lo que acontece por la providencia Divina es espléndido, es de la mejor manera y no puede ser mejor. De que El provea bien, cada uno puede cerciorase a partir de los siguientes razonamientos:

Siendo benévolo, Dios provee y se preocupa por Su creación, porque si no lo hiciera así no seria benévolo. Tanto los hombres, como los animales, privados del don de la palabra, por naturaleza cuidan a sus hijos; el que no lo hace es considerado malo. Como Dios es Sabiduría, El manifiesta de manera perfecta la preocupación por Su creación. Observando atentamente las obras de la providencia Divina, no podemos no maravillarnos de la benevolencia Divina. Por eso debemos glorificarlo y aceptar con sumisión Su cuidado por nosotros, a pesar de que algunas veces los caminos de Su providencia no son del todo comprensibles para nosotros.

San Paisios el Athonita

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Tuesday, January 24, 2017

El “Enfriamiento” entre Esposos es Consecuencia de sus Pecados ( Padre Arsenie Papacioc )


Los pecados son el infierno. Luego, el distanciamiento entre los cónyuges es fruto de sus pecados.

El amor responde todas las preguntas: él nos da los hijos, quienes otorgan un valor inconmensurable al matrimonio y crean una unidad indestructible en la familia. Pero, les repito, tener hijos no es el propósito del matrimonio, sino una consecuencia. El propósito del matrimonio es incitarse recíprocamente a la salvación.

¡Si ponemos primero el problema del infierno, nos olvidaremos del Paraíso! No. El “infierno” es consecuencia de una vida en pecado. Los pecados son el infierno. Luego, el distanciamiento entre los cónyuges es fruto de sus pecados. Dios es justo, puede hacer lo que quiera. Pero hay una sola cosa que no puede hacer: ¡faltar a Su palabra! Porque el primer mandamiento en el Paraíso fue: “¡De este árbol no comerás!” (Génesis 2, 17). Pero el hombre comió de aquel fruto. Y la consecuencia vino inmediatamente, porque Dios no sólo es misericordioso, sino también justo (Deuteronomio 11, 27-28; 30, 15). Mas Él hace lo que sea para librarte de esa caída. Nuestras caídas, a partir de la de Adán, las enmendamos con el Sacramento de la Confesión.

No es posible hablar del demonio sin hablar de Dios. El maligno es un tolerado en la creación. Nosotros no podemos enseñarle a amar. En el amor no hay nada racional.
“¡No sé por qué amo a tal persona!”.

El amor no tiene principio ni final: es coexistente con Dios. Entonces, para superar ese enfriameitno, es necesario llevar una forma de vida cristiana. 

Padre Arsenie Papacioc 

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