Saturday, March 25, 2017

Oraciones a la Santisima Madre de Dios.


Oraciones a la Madre de Dios, Por San Ildefonso de Toledo (607-667), de su libro “SOBRE LA PERPETUA VIRGINIDAD DE MARIA”,

uno de los tratados teológicos sobre la Madre de Dios más importantes jamás escrito.

Fragmentos tomados del volumen 320 de la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos) de 1971 “Santos Padres Españoles. San Ildefonso de Toledo”

Oración al inicio del tratado, Páginas 49-54 del volumen 320 de la BAC:

“Señora mía, dueña y poderosa sobre mí, madre de mi Señor, sierva de tu Hijo, engendradora del que creó el mundo, a ti te ruego, te oro y te pido que tenga el espíritu de tu Señor, que tenga el espíritu de tu Hijo, que tenga el espíritu de mi Redentor, para que yo conozca lo verdadero y digno de ti, para que yo hable lo que es verdadero y digno de ti y para que ame todo lo que sea verdadero y digno de ti. Tú eres la elegida por Dios, recibida por Dios en el cielo, llamada por Dios, próxima a Dios e íntimamente unida a Dios. Tú, visitada por el ángel, saludada por el ángel, bendita y glorificada por el ángel, atónita en tu pensamiento, estupefacta por la salutación y admirada por la enunciación de las promesas.

Escuchas que has encontrado gracia ante Dios, se te manda que no temas, se te confirma en tu confianza, se te instruye con el conocimiento de los milagros y se te conduce a la gloria de un nuevo milagro nunca oído. Sobre tu prole es advertida tu pureza, y del nombre de la prole tu virginidad certifica: se te predice que de ti ha de nacer el Santo, el que ha de ser llamado Hijo de Dios, y de modo milagroso se te da a conocer el poder que tendrá el que nacerá de ti. ¿Preguntas sobre la manera de realizarse? ¿Preguntas sobre el Origen? ¿Indagas sobre la razón de este hecho? ¿Sobre cómo ha de llevarse a cabo? ¿Sobre el orden en que ha de realizarse? Escucha el oráculo nunca oído, considera la obra desacostumbrada, fíjate en el arcano desconocido y atiende al hecho nunca visto: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cobijará con su sombra. Invisiblemente, toda la Trinidad obrará en ti la concepción, pero sola la persona del Hijo de Dios, que nacerá en cuerpo, tomará de ti su carne. Por consiguiente, lo que será concebido y nazca de ti, lo que salga de ti, lo que se engendre de ti, lo que tú des a luz, será llamado Santo, Hijo de Dios. Éste será grande, Dios de las virtudes, rey de los siglos y creador de todas las cosas.

He aquí que tú eres dichosa entre las mujeres, íntegra entre las recién paridas, señora entre las doncellas, reina entre las hermana. He aquí que desde ese momento te dicen feliz todas las gentes, te conocieron feliz las celestiales virtudes, te adivinan feliz los profetas todos y celebran tu felicidad todas las naciones. Dichosa tú para mi fe, dichosa tú para mis predicciones y mis predicaciones. Te predicaré cuanto debes ser predicada, te amaré cuanto debes ser amada, te alabaré cuanto debes ser alabada, te serviré cuanto hay que servir a tu gloria. Tú, al recibir sólo a Dios, eres posterior al Hijo de Dios; tú, al engendrar a un tiempo a Dios y al hombre, eres antes que el hombre hijo, al cual, al recibirle solamente al venir, recibiste a Dios por huésped, y al concebirle tuviste por morador, al mismo tiempo, al hombre y a Dios. En el pasado eres limpia para Dios, en el presente tuviste en ti al hombre y a Dios, en el futuro serías madre del hombre y de Dios; alegre por tu concepción y tu virginidad, contenta por tu descendecia y por tu pureza y fiel a tu hijo y a tu esposo. Conservas la fidelidad a tu Hijo, de modo que ni El mismo tenga quien le engendre; y de tal modo conservas fidelidad a tu esposo, que él mismo te conozca como madre sin concurso de varón. Tanto eres digna de gloria en tu Hijo cuanto desconoces todo concurso de varón, habiendo sabido lo que debías conocer, docta en lo que debías creer, cierta en lo que debías esperar y confirmada en lo que tendrías sin pérdida alguna.(…)

He aquí que es virgen de Dios, virgen del hombre, virgen atestiguándolo el ángel, virgen juzgándolo así su esposo, virgen antes de tener esposo, virgen con su esposo, virgen, sin duda alguna, aun en el tiempo que lo dudaba su esposo. Virgen antes de la venida del Hijo, virgen después de la generación del Hijo, virgen en el nacimiento del Hijo, virgen después de nacido el Hijo.

Fecunda por el Verbo, llena del Verbo, copiosísima en el Verbo, digna de dar a luz por el Verbo; por el nacimiento de hombre por las leyes humanas, por las costumbres humanas, por la humana condición, por la humana verdad; sin falta, incorrupta, inviolada, pura y verdaderamente integérrima.

Por divino obsequio, por divino favor, por colación divina, por divino hallazgo, por don divino, por divino consentimiento, por nueva obra, por eficacia divina, por nuevo modo, por nuevo efecto, por nuevo parto, virgen con la concepcción, virgen después de la concepción, virgen durante el parto, virgen en el parto, virgen con el parto, virgen después del parto. Virgen con el que había de nacer, virgen con el que nace, virgen después del nacimiento del Hijo. Llamada esposa y virgen, tomada como esposa y virgen, tenida por esposa y virgen, con esposo y con descendencia virgen perdurable. Nunca conociste varón, ni contacto carnal, ni abrazo, ni compañía marital. Y entonces ciertamente, entonces sin niguna duda, con verdad y veracidad eres virgen santa, virgen feliz, gloriosa y honesta virgen. Pero después de la generación del Verbo hecho carne, después del nacimiento de Dios hecho hombre, después de la generación de la humanidad en Dios, después del nacimiento del Hombre unido a Dios, eres más santa y Santísima Virgen, más bienaventurada y muy bienaventurada virgen, más gloriosa y gloriosísima virgen, más noble y nobilísima virgen, más honesta y honestísima virgen, más augusta y augustísima Virgen.”

Oración hacia el final del tratado, páginas 147-149 del volumen 320 de la BAC:

“Pero ahora me llego a ti, la única virgen y madre de Dios; caigo de rodillas ante ti, la sola obra de la encarnación de mi Dios; me humillo ante ti, la sola hallada madre de mi Señor; te suplico, la sola hallada esclava de tu Hijo, que logres que sean borrados mis pecados, que hagas que yo ame la gloria de tu virginidad, que me encuentres la magnitud de la dulzura de tu Hijo, que me concedas hallar y defender la sinceridad de la fe en tu Hijo, que me otorgues también consagrarme a Dios, y ser esclavo de tu Hijo y tuyo y servir a tu Señor y a ti.

A Él como a mi Hacedor, a ti como Madre de nuestro Hacedor; a Él como señor de las virtudes, a ti como esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios, a ti como a Madre de Dios; a Él como a mi Redentor, a ti como a obra de mi redención. Porque lo que ha obrado en mi redención, lo ha formado en la verdad de tu persona. Él que fue hecho mi Redentor fue Hijo tuyo. Él que fue precio de mi rescate tomó carne de tu carne. Aquel que sanó mis heridas, sacó de tu carne un cuerpo mortal, con el cual suprimirá mi muerte; sacó un cuerpo mortal de tu cuerpo mortal, con el cual borrará mis pecados que cargó sobre sí; tomó de ti un cuerpo sin pecado; tomó de la verdad de tu humilde cuerpo mi naturaleza, que Él mismo colocó en la gloria de la mansión celestial sobre los ángeles como mi predecesora en tu reino.

Por esto yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso tú eres mi señora, porque eres esclava de mi Señor. Por esto yo soy esclavo de la esclava de mi Señor, porque tú, mi señora, has sido hecha Madre de mi Señor. Por esto yo he sido hecho esclavo, porque tú has sido hecha Madre de mi Hacedor.

Te suplico, Virgen santa, que yo reciba a Jesús de aquel Espíritu de quien tú engendraste a Jesús; que mi alma reciba a Jesús con aquel Espíritu por el cual tu carne recibió al mismo Jesús. Por aquel Espíritu que me sea posible conocer a Jesús, por quien te fue posible a ti conocer, concebir y dar a luz a Jesús. Que exprese conceptos humildes y elevados a Jesús en aquel Espíritu en quien confiesas que tú eres la esclava del Señor, deseando que se haga en ti según la palabra del ángel.

Que ame a Jesús en aquel Espíritu en quien tú lo adoras como Señor y lo contemplas como Hijo. Que tema a este mismo Jesús tan verdaderamente como verdaderamente él mismo, siendo Dios, es obediente a sus padres.

¡Oh premio extremadamente grande de mi salvación y de mi vida y al mismo tiempo de mi gloria! ¡Oh título nobilísimo de mi libertad! ¡Oh excelsa condición de mi carácter de hombre libre! ¡Oh seguridad de mi nobleza, indisolublemente gloriosa y rematada con la eternidad de la gloria! ¡Cómo yo, que fui torpemente engañado, deseo para mi reparación hacerme esclavo de la madre de mi Jesús! ¡Cómo yo, en el primer hombre separado al principio de la comunión angélica, voy a merecer ser considerado como esclavo de la esclava y de la Madre de mi Señor! ¡Cómo yo, obra apta en las manos del sumo Dios, voy a conseguir estar ligado en la servidumbre continua de la Virgen Madre con devoción de su esclavitud!” 

Catecismo Ortodoxo 

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Tuesday, March 21, 2017

LA ASCENSIÓN


Y subió a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre

Después de Su Resurrección de entre los muertos Jesús apareció a los hombres por un período de cuarenta días después de que "fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios".
(Lucas 24, 50 y Hechos 1, 9-11).

La Ascensión de Jesucristo es el acto final de su misión terrenal de Salvación. El Hijo de Dios “baja de los cielos" para hacer el trabajo que el Padre le encarga y habiendo logrado todo, vuelve al Padre llevando en si la humanidad mortal y glorificada que Él ha asumido. (Véase Juan 17).

El significado doctrinal de la Ascensión es la glorificación de la naturaleza humana, la Alianza restaurada del hombre con Dios, su re-unión. Es realmente, la penetración del hombre a las profundidades inagotables de la divinidad.
Ya hemos visto que "los cielos" es la expresión simbólica en la Biblia para hablar del no-creado, inmaterial "Reino divino de Dios", como un santo de la Iglesia lo ha llamado. Decir que Jesús está "exaltado por la diestra de Dios" como predicó San Pedro en su primer Sermón Cristiano (Hechos 2, 33) significa exactamente esto: que el hombre ha sido restaurado a la Comunión con Dios, a una unión que, según la doctrina ortodoxa, es mucho mayor y más perfecta que la que había sido otorgada al hombre en su creación original. (Véase Efesios 1 al 2).
El hombre fue creado con el potencial de “entrar en comunión con la naturaleza divina", citando nuevamente al Apóstol Pedro. (II Pedro 1, 4). Es esta participación en la divinidad, Que se llama Theosis
(Que literalmente significa deificación o divinización) en la teología Ortodoxa, que la ascensión de Cristo ha logrado para la humanidad. La expresión simbólica "sentado a la diestra del Padre" significa exactamente esto. No quiere decir que en algún lugar en el universo creado, el ser corporal Jesús está sentado sobre un trono material.
La Carta (Epístola) a los Hebreos habla de la Ascensión de Cristo tomando el símbolo del Templo de Jerusalén. Tal como los sumo sacerdotes de Israel entraban al "Santo de los Santos" para ofrecer sacrificios a Dios en nombre de ellos mismos y del pueblo, así también Cristo, el Único Eterno y Perfecto Sumo sacerdote se ofrece Él mismo a Dios sobre la cruz como el Único Sacrificio Perfecto y Eterno, no por Él, sino por toda la humanidad pecadora. Como hombre, Cristo entra (una vez y para siempre) al Único, Eterno y Perfecto Santo de los Santos: la misma "Presencia de Dios en los Cielos".
Tenemos un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios..."
(Hebreos 4, 14).

"Porque tal sumo sacerdote nos convenía; santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho mas sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a si mismo. Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, Ministro del Santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre".
(Hebreos 7, 26 al 27; 8, 1 al 2).

"... Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies".
(Hebreos 10, 11 al 12) (Salmo 110, 1).

Así se entiende la Ascensión como la primera entrada del hombre a aquella glorificación divina para la cual originalmente fue creado. Esta entrada se hace posible por la exaltación del Hijo Divino quien se anonadó a Sí mismo en cuerpo humano como un perfecto ofrecimiento de sí a Dios.

JUICIO

Y vendrá de nuevo para juzgar a los vivos y a los muertos

"Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hechos 1, 11).
Estas palabras de los ángeles fueron dirigidas a los Apóstoles en la Ascensión del Señor. Cristo vendrá de nuevo en gloria, "sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan". (Hebreos 9, 28).

" Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con El Señor".

(I Tesalonicenses 4, 16-17; lectura de la Epístola del Oficio Ortodoxo del Funeral).
La venida del Señor al final de los siglos será el Día del Juicio, el Día del Señor, predicho en el Antiguo Testamento y anunciado por Jesús Mismo. (Daniel 7; Mateo 24). No fue predicho el momento exacto del final, ni aun por Jesús, para que los hombres siempre estuvieran preparados en vigilia constante y buenas obras.
La misma presencia de Cristo como la Verdad y la Luz es el juicio del mundo. En este sentido todos los hombres y el mundo entero ya están juzgados, o, mejor dicho,  ya viven en la plena presencia de aquella realidad -Cristo y Sus Obras- por las cuales serán juzgados sin apelación. Con Cristo ya revelado, no puede haber ninguna excusa ni para la ignorancia ni para el pecado. (Juan 9, 39).
Ahora debemos notar que en este juicio final habrá los que estarán ubicados "a la izquierda" y que irán "al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles". (Mateo 25, 41; Apocalipsis 20). Que esto sea así, no es culpa de Dios por ningún motivo. Es culpa solamente de los hombres, pues "según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo", dice el Señor. (Juan 5, 30).

Dios no se goza con "la muerte del impío".
(Ezequiel 18, 23)
El "quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad". (I Timoteo 2, 4). Hace todo lo que de Él depende para que la salvación y la vida eterna estén al alcance de todos. No hay nada mas que Dios pueda hacer. Ahora todo depende del hombre. Si algunos hombres rechazan el don de la vida en comunión con Dios, el Señor solo puede honrar este rechazo el don de la vida en comunión con Dios, el Señor solo puede aceptar este rechazo y respetar la libertad de Sus criaturas, libertad que Él Mismo les ha otorgado y no se las quitará. Dios permite a los hombres vivir "con el diablo y sus ángeles" si así lo desean. Aun en este sentido Dios es cariñoso y justo. Pues si la presencia de Dios como el "fuego consumidor" (Hebreos 12, 29) y la "luz inaccesible" (I Timoteo 6, 16) que alegra a los que le aman, solo produce odio y desesperanza en los que no "aman Su venida" (II Timoteo 4, 8), no hay absolutamente nada que Dios pueda hacer excepto destruir completamente Sus criaturas endurecidas en el pecado, o destruirse a Si Mismo. Pero Dios continuará existiendo y permitirá que Sus criaturas existan. Mas no esconderá su rostro para siempre.

La doctrina del infierno eterno, por lo tanto, no significa que Dios activamente tortura a las personas por algunos medios perversos y odiosos. No significa que Dios se alegra en el castigo y dolor de Su pueblo que El ama. Ni tampoco quiere decir que Dios "se separa" de Su pueblo, causándole así angustia en esta separación (pues ciertamente si las personas odiaran a Dios, la separación sería bienvenida, y no aborrecida). Sino mas bien significa que Dios permite que todas las personas, santos y pecadores por igual, existan para siempre. Todos son resucitados de la muerte a la vida eterna: "los que hicieron el bien, saldrán a resurrección de vida". (Juan 5, 29). En el Final, Dios será "todo en todos" (I Corintios 15, 28). Para los que aman a Dios será un paraíso. Para los que le aborrezcan, la resurrección de la muerte y la presencia de Dios será un infierno. Esta es la enseñanza de los Padres de la Iglesia.
"Ha brotado una luz para los justos, y su compañera es alegría gozosa. Y la luz de los justos es eterna...
Que evitemos solo a una luz - a aquella luz que es la del fuego doloroso.
Pues conozco un fuego purificador que Cristo vino para traer sobre la tierra, y Él Mismo es llamado un fuego. Este Fuego quita todo lo que es material y de maldad; y este fuego Él desea encender con toda rapidez...
Conozco también un fuego que no es purificador, sino vengador... que Él vierte sobre todos los pecadores... el cual está listo para enfrentar al diablo y sus ángeles... el cual procede del Rostro del Señor y quemará a Sus enemigos alrededor... el fuego inagotable que... es eterno para los malos. Pues todos estos pertenecen al poder destructor, aunque algunos puedan preferir aun en este aspecto tomar una visión mas misericordiosa de este fuego, como es digno de aquel que castiga".
San Gregorio el Teólogo

"... los que se encuentran en la Gehenna serán castigados con el azote de amor. ¡Cuan cruel y amargo seria este tormento del amor!. Pues los que entienden que han pecado contra el amor padecen sufrimientos mas grandes que los producidos por las torturas mas terribles. La tristeza que posea al corazón que ha pecado contra el amor es mas penetrante que cualquier otro dolor. No es correcto decir que los pecadores que están en el infierno son desprovistos del amor de Dios... Mas el amor actúa de dos diferentes maneras, como sufrimientos para los condenados, y regocijo para los benditos".

San Isaac de Siria.

Así, el juicio final del hombre y su destino eterno depende únicamente en que si el hombre ama a Dios y su prójimo o no. Depende de si el hombre ama la luz mas que la oscuridad - o ama la oscuridad mas que la luz. Depende, podríamos decir, de si el hombre ama el Amor y la Luz Misma o no; si el hombre ama la Vida o no - que es Dios Mismo; el Dios revelado en la creación, en todas las cosas, en "los mas pequeños de los hermanos".
Los procedimientos del juicio final ya se conocen. Cristo Mismo las ha dado con absoluta claridad
"Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de El todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos les responderán diciendo: Señor, ¿cuando te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?. Y ¿cuando te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?. O ¿cuando te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?. Y respondiendo el Rey les dirá: De acuerdo os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos mas pequeños, a mi lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de íi, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuando te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?. Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos mas pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna".
(Mateo 25, 31 al 46; Lectura del Evangelio para el Domingo del Juicio Final.)

Es Cristo quien juzgará, no Dios el Padre. Cristo ha recibido el poder del juicio pues Él es "el Hijo del Hombre". (Juan 5, 27).

Así entonces, el hombre y el mundo no son juzgados por Dios "sentado en una nube", por así decir, sino por Aquel que es verdaderamente hombre, Aquel que ha sufrido cada tentación de este mundo y ha salido victorioso. El mundo es juzgado por Aquel que tuvo hambre, que tuvo sed, que fue extranjero, que estuvo desnudo, encarcelado, y herido, pero que, no obstante, era la salvación de todos. Por la crucifixión, Cristo ha adquirido la autoridad para juzgar pues solamente Él ha sido el siervo perfectamente sumiso del Padre y Quien conoce las profundidades de la tragedia humana por su propia experiencia.

"El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo... pero gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno..., porque no hay acepción de personas para con Dios. Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la Ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados".
Romanos 2, 6 al 13

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Friday, March 17, 2017

La Anunciación

Al sexto mes después de la aparición del Arcángel Gabriel a Zacarías con el anuncio del nacimiento del profeta San Juan Bautista, el mismo Arcángel fue enviado por Dios a la ciudad de Nazaret a la Santísima Virgen María para hacerle llegar la alegre noticia de que el Señor La había elegido para que se convierta en la Madre del Salvador del Mundo. El Ángel apareció y Le dijo: "Alégrate, Bienaventurada María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres." María se turbó ante estas palabras del Ángel, preguntándose qué significaría ese saludo. El Ángel continuó diciéndole: "No temas, María, pues has hallado gracia cerca de Dios. Concebirás en tu seno y parirás un hijo y lo llamarás Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo y su reino no tendrá fin." María, confundida, le preguntó al Ángel: "¿Cómo será esto, porque no conozco varón?"

El Ángel le respondió que esto se producirá por la fuerza del Dios Todopoderoso. "El Espíritu Santo vendrá sobre Ti y la virtud del Altísimo te hará sombra, por lo cual, también lo Santo que nacerá será llamado Hijo de Dios. Y he aquí que Elizabet, tu parienta, también ella concebirá a un hijo en su vejez porque ninguna cosa es imposible para Dios." Entonces, María dijo con humildad: "Soy sirvienta de Dios. Hágase en mí, según tu palabra." Y el Arcángel Gabriel se alejó de Ella.

Sunday, March 12, 2017

Pues en el hades y tras la muerte, no hay arrepentimiento ( Abba Filotheos Zervakos )



Decir que no prometerás abandonar y dejar de blasfemar, es lo mismo que decir: “no quiero dejar de blasfemar, para obedecer así a Dios, pero prefiero obedecer al diablo, que se alegra cuando blasfemo contra Dios. Por la blasfemia, me llevará con él al fuego exterior, que está preparado para el diablo y sus ángeles blasfemos” (Mateo 25:41).

Ahora, piensa como un hombre razonable y arrepiéntete. Deja de blasfemar, y canta himnos y canciones espirituales al Señor (Efesios 5:19; Colosenses 3:16), y no blasfemias, antes de que llegue la muerte, pues en el hades y tras la muerte, no hay arrepentimiento. Arrepiéntete verdadera y sinceramente, derrama lágrimas y suspiros, para que puedas ver que tu hija está bien y ser rescatado de la condenación temporal y eterna. No desprecies la oportunidad. La muerte viene de repente.
Abba Filotheos Zervakos

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Wednesday, March 8, 2017

El Taumaturgo ( San Serafim de Sarov )


El Padre Serafín discernía los espíritus, predecía el futuro, mantenía relaciones telepáticas con los ermitaños que vivían a millares de kilómetros de distancia, respondía las cartas sin abrirlas jamás. Tenía el don de la levitación y de la bilocación y he aquí que se le acordó el don de hacer milagros y curar a los enfermos. ¿Se regocijó por ello?

"Los verdaderos santos no solamente no desean hacer milagros, sino que, cuando este don les es conferido, lo rehusan. No es sólo delante de los hombres que no quieren este don, sino en lo secreto de su corazón. Si algunos aceptaban este don, era por necesidad... otros por orden del Espíritu Santo que actuaba en ellos, ninguno por azar, sin necesidad."


San Serafim de Sarov

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Friday, March 3, 2017

La Ley Espiritual ( San Marcos el Asceta )

Sucede, a veces, que hay cosas que parecen buenas al ser llevadas a cabo; y sin embargo, el motivo de quien las ejecuta no tiende al bien. También hay otras que parecen malas, mientras que el motivo de quien las hace tiende al bien. Esto no sucede solamente respecto de las obras, sino también respecto de las palabras, que pueden ser dichas Otros cambian las cosas por inexperiencia o por ignorancia, algunos por mala intención, otros en cambio con fines piadosos.

San Marcos el Asceta

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Sunday, February 26, 2017

Ángel Guardián


"Ángel de paz, fiel maestro, protector de nuestros almas y cuerpos" — nosotros pedimos a Dios, orando en el templo. La Iglesia Ortodoxa cree que el hombre al nacer, recibe de Dios un Ángel Guardián. Nuestro Señor Jesucristo dijo: "Tengan cuidado de no despreciar a ninguno de estos pequeños, porque les digo que sus Ángeles en el Cielo siempre ven la faz de Mi Padre Celestial" (Mt. 18:10).

El beato Agustín escribe: "Los Ángeles con gran dedicación y diligencia, permanecen con nosotros a toda hora y en todo lugar, nos ayudan, piensan en nuestras necesidades, sirven de intermediarios entre nosotros y Dios, elevando a El nuestras quejas y suspiros... Nos acompaña en todos nuestros caminos, entran y salen con nosotros, observando como nos comportamos entre ese genero engañoso y con que empeño deseamos y buscamos al Reino de Dios." Un pensamiento semejante tiene San Basilio el Grande: "Con cada fiel hay un Ángel, quien como niñera o pastor dirige su vida" y para demostración cita las palabras de David, el salmista: "A sus Ángeles dirá sobre ti — que te protejan en todos tus caminos..." "Ángel del Señor hará guardia alrededor de los que Le temen y los ayudará" (Sal. 90:11, 33:8).

El Obispo Theofano el Recluso enseña: "Hay que recordar, que tenemos a un Ángel Guardián y dirigirse a El con pensamiento y corazón — en nuestra vida normal y especialmente cuando ésta se agita. Si no nos dirigimos a El, el Ángel no puede aconsejarnos. Cuando alguien se dirige a un abismo у pantano con ojos cerrados y los oídos tapados — como es posible ayudarle?"

Así el cristiano debe recordar a su buen Ángel, que durante toda su vida se preocupa por él, se regocija con sus éxitos espirituales, se acongoja con sus caídas. Cuando el hombre muere, el Ángel lleva su alma a Dios. Según muchos testimonios, el alma reconoce a su Ángel Guardián, cuando llega al mundo espiritual.

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