Tuesday, December 23, 2014

Natividad de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo

La fiesta de la Natividad de Cristo es celebrada de manera análoga a la de la Fiesta de Pascua de Resurrección. Un ayuno de cuarenta días precede la fiesta, con días preparatorios especiales que anuncian el pronto nacimiento del Salvador. Así en el día de San Andrés (30 de noviembre) y el día de San Nicolás (6 de diciembre), se cantan himnos que anuncian el nacimiento del Señor que luego acontecerá.


Prepárate tú, oh pesebre, pues se aproxima la oveja, llevando a Cristo en sus entrañas. Adórnate, tú, oh caverna, para recibir a quien por su palabra cambió nuestra animalidad, a nosotros todos los terrenales.


Oh pastores, velad y dad testimonio del temible milagro; y vosotros oh magos, llegando de Persia, traed sus regalos al Rey, oro, incienso y mirra. Pues se aproxima la Virgen, llevando a Cristo en sus entrañas y clamando: ¡Cómo fuiste plantado en mí, y cómo has crecido de mí, oh Dios y Salvador mío!. (Himno Vespertino de la Fiesta de San Nicolás)

En la víspera de la Navidad por la mañana, se celebran las Horas Reales y la Divina Liturgia de San Basilio con Vísperas. Durante estos oficios, se leen las profecías del Antiguo Testamento, con especial énfasis la profecía de Miqueas que anuncia que Belén será el lugar natal del Salvador, y las profecías de Isaías acerca de la venida del Mesías y cómo será Él.



Por tanto, el Señor mismo os dará señal; He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel. (Isaías 7,14)



Dios está con nosotros. Tomad consejo, y será anulado; proferid palabra, y no será firme; porque Dios está con nosotros. (Isaías 8,10)



Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite. (Isaías 9,6-7)



Se da comienzo a la Vigilia de la Navidad con las Completas Mayores, con la solemne entonación de “Dios con Nosotros” y las palabras de la profecía de Isaías. En el oficio de Completas también se cantan el Tropario y el Kontakion de la fiesta, junto a otros himnos que glorifican el nacimiento del Salvador. También se rezan las especiales y largas letanías de intercesión con la solemne bendición de los cinco panes, trigo y vino, de los cuales los fieles participan, y el aceite con que son ungidos. Se realiza esta parte de la vigilia en todas las grandes fiestas, y se llama artoklasia, una palabra griega que quiere decir “el partir del pan”.[1]



Al inicio de Matutinos de la Navidad, que junto al oficio de Completas forman la Vigila de la Navidad, se leen los seis salmos matinales introducidos como siempre por el versículo: Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. (Lucas 2,14). En los oficios litúrgicos de la Navidad, generalmente se cantan estas palabras con gran solemnidad, más que en los oficios diarios del resto del año. El oficio de Matutinos prosigue como de costumbre. La lectura del Evangelio es de San Mateo (1,18-25), y habla del nacimiento de Cristo. Todos los himnos y versos lo glorifican y celebran:



Cristo ha nacido, glorifícale. Cristo ha venido del cielo, ven a su encuentro. Cristo está sobre la tierra, elévense. Canta al Señor, toda la tierra. Canten con alegría, oh pueblos. Pues Él ha sido glorificado.

(Primera Oda del Canon de la Navidad)



La Divina Liturgia de la Navidad comienza con salmos de glorificación y alabanza. Durante la Pequeña Entrada con el Evangeliario, libro de los Santos Evangelios, se cantan el Tropario y el Kontakion de la fiesta. El versículo de la carta a los Gálatas (3,27)[2] nuevamente reemplaza el Trisagion. La lectura de la Epístola es tomada de la Carta de San Pablo a los Gálatas.



Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama, ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. (Gálatas 4,4-7)



La lectura del Evangelio es el conocido relato de la Natividad de Cristo tomado del Evangelio según San Mateo (2, 1-12), y la Divina Liturgia prosigue como de costumbre. Luego sigue una celebración especial de dos días, dedicada a María la Theotokos y a San Esteban, el Primer Mártir. Se extiende este periodo de regocijo en la Iglesia hasta la Epifanía, y durante este tiempo se cantan una y otra vez los himnos de la Navidad, y no se acostumbra ni a arrodillarse ni a hacer ayuno.



En la Iglesia Ortodoxa, se refiere formalmente a esta fiesta como la Natividad según la Carne de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo. Por lo tanto en la Navidad celebramos la Encarnación del Hijo de Dios, Aquel que junto al Padre y el Espíritu Santo es verdaderamente Dios desde toda la eternidad. Así cantamos en la Iglesia:



Hoy una Virgen da a luz al Eterno, y la tierra ofrece una caverna al Inaccesible. Ángeles y pastores le glorifican, y los magos siguen a una estrella. Hoy ha nacido por nosotros un Niño: el Eterno Dios. (Kontakion de la Natividad de Cristo)


Durante los primeros cuatro siglos de la historia de la Iglesia, la Natividad de Cristo no se celebraba sola, sino juntamente con la Epifanía, como una gran fiesta única de la aparición de Dios sobre la tierra, en forma del Mesías de Israel. Más tarde se comenzó a celebrar la Natividad como tal en el día 25 de diciembre, para desviar la atención de la fiesta pagana del Sol Invencible que se celebraba en ese día. La fiesta de la Natividad del Señor fue establecida por la Iglesia en forma consciente, en su esfuerzo de vencer a la falsa religión de los paganos. Así, descubrimos que el Tropario de la Fiesta polemiza en contra de la adoración del sol y de las estrellas, y llama a todos a adorar únicamente a Cristo, el Verdadero Sol de Justicia (Malaquías 3,20), quien es adorado por todos los elementos de la naturaleza.


Tu nacimiento, oh Cristo Nuestro Dios, ha hecho resplandecer sobre el mundo la luz de la sabiduría. Porque los que adoraban las estrellas aprendieron de la estrella a adorarte a Ti, el Sol de Justicia, que desde las alturas viniste. Oh Señor, Gloria a Ti. (Tropario)


Entonces, la fiesta de la Natividad de Cristo es la celebración de la salvación del mundo mediante el Hijo de Dios quien se hizo hombre por nosotros a fin de que, mediante Él, podríamos llegar nosotros mismos a ser deificados por la obra santificadora del Espíritu Santo.



http://www.iglesiaortodoxa.cl/la_natividad_de_cristo1.htm

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